LO QUE NO ME GUSTÓ DEL CONCIERTO DE ROGER WATERS
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Por qué no me gustó el concierto de Roger Waters.
Cinco días de euforia absoluta me tienen abrumado. Muchos de mis melómanos amigos, unos curiosos, algunos poseurs y supongo que el resto de los 90mil asistentes a los conciertos de Roger Waters no hemos dejado de comentar el concierto; la gran mayoría de los comentarios tienen que ver con “fue el mejor concierto” – del año, de la década, de mi vida, o de la historia – dependiendo de quién viniera.
Con sobrada razón se especuló mucho con las entradas, cuyos exorbitantes precios los hicieron objetos de deseo e indicadores de status social. El hecho de que Roger Waters fuera a tocar la obra epítome (o la más popular) de su carrera en orden, de principio a fin, garantizaba que el público corearía todas las notas; el riesgo de que tocara canciones de sus discos menos populares era inexistente y esto genera confort entre la concurrencia.
Los asistentes sabíamos que habría un muro en el escenario, que los visuales serían impresionantes e intuíamos, con ciertas reservas, que el sonido sería bueno, a pesar de estar en el Palacio de los Deportes, célebre recinto por su pésima acústica.
Es innegable que el concierto fue un espectáculo más visual que sonoro, una puesta en escena más que un recital. Cumplió con muchas expectativas como con que tocó, en efecto, completito el The Wall (casi) en orden* y rebasó las expectativas en cuanto a la calidad del sonido; pero al menos en mí, me dejó una cierta insatisfacción en los aspectos que enlisto a continuación:
- Muchos de los coros definitivamente estaban secuenciados. Teniendo a la mano los mejores intérpretes pudo haberles dado la tarea de gritar “If you don’t eat yer meat, you can’t have any pudding! How can you have any pudding if you don’t eat yer meat?” por poner un ejemplo. Generó incredulidad en mí el hecho de que activaran una grabación para estos detalles y me lleva al siguiente punto:
- Sospeché durante muchos momentos de Playback, ojalá tuviera bases sólidas para argumentarlo, pero no estuve lo suficientemente cerca, sin embargo, me costó trabajo creer que alcanzara las notas, tuviera la potencia y coordinación.
- Los músicos se limitaron a tocar cada una de las notas, tal y como son en el disco, el baterista tal vez sonó un poco más “ponchado” pero fuera de ello, no se atrevieron a doblar un poquito una nota o siquiera distorsionar diferente la guitarra.
Y lo más importante:
- El concepto central de la obra de “The Wall” se desvirtuó por completo: el “muro” es una barrera que el individuo se hace a partir de sus miedos y de sus inseguridades, no lo hacen los gobiernos. Toda la narrativa del concierto apuntaba hacia el concepto de lo trágico de las guerras –tema actual (siempre) en Estados Unidos – y no invitaba a la introspección como lo hace el disco o la película. Atribuyo esto a que es mucho más fácil generar empatía con el auditorio del mercado más importante pasándoles conmovedoras imágenes de sus connacionales luchando y muriendo por libertad que explicándoles que sus bienes materiales (“Are all these your guitars?”) son uno de los ladrillos en el muro en el que el individuo –o Pink en la película – se crea para ocultar los rasgos negativos de su personalidad…y de paso no herir sensibilidades en cuanto al costo del boleto.
- La canción climática de la obra es, indudablemente, “Combfortably Numb”, no solo por su belleza y complejidad, si no por que es el momento catártico de la narrativa. El solo de guitarra es el momento más importante de esta pieza. Yo solo fui al concierto del sábado y dicho solo me dejó mucho que desear, si bien Dave Kilminster tocó de manera inmaculada cada una de las notas, le faltó imprimirle carga emocional y toque personal. Había tenido la oportunidad de oir 4 veces antes ese solo en directo, interpretado por Andy Fairweather Low en el año 2007, Snowy White en los años 2000 y 2002 y por David Gilmour en 1994 y todas las veces le imprimieron un toque personal, modularon las distorsiones y doblaron las notas y fue maravilloso. No así lo que hizo Kilminster.
Hubo, en general, muchos momentos conmovedores. La calidad (y cantidad) de producción era adecuada al costo de la entrada y a los aplausos, pero creo que afinando unos cuantos detalles que no hubieran sido más costosos ni complicados, la experiencia hubiera sido mucho más impactante.
* Abrió con “Outside the Wall” que es la última canción del disco, fue un bonito detalle, lástima que era una grabación y no una ejecución en vivo.